¿A dónde van y de dónde son las personas solitarias?
Bueno… No sé. Pero recurro a pensar que van a la misma cafetería que yo y prefieren las mesas del rincón. Recurro a pensar que se asoman por la ventana, avientan rosas y elogios, y después se esconden. Que son las que se sientan frente a las fuentes y lagos en los parques con la mirada perdida. Que son las que alimentan a las aves y se emocionan con el carrito de golosinas (todavía). Que son esas, sí, caminantes de aquí para allá, con un tormento en su corazón — a veces sin razón—. Recurro a pensar que se mueven como yo.
Todo lo que yo quisiera de ti, son esas cosas cotidianas, el olor de tu cuerpo, saber lo que piensas de cualquier cosa, de ti, de mi, de nuestro entorno. Que mires más allá de mi apariencia física, que me recuerdes con pasión, y que el placer que juntos inventamos sea otro signo de la libertad.